20 de agosto de 2026

Polémica e incertidumbre por la muerte de 20 elefantes en Kenia

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ELEFANTE

El misterio y la polémica envuelven la muerte de al menos 18 elefantes en el famoso ecosistema de Amboseli, en el sur de Kenia, en un caso que las autoridades atribuyen a un envenenamiento por cianuro. Esta versión es cuestionada por guardabosques y comunidades locales, que apuntan a una posible enfermedad aún desconocida y elevan la cifra de paquidermos muertos.

Un elefante mutilado yace en el suelo del santuario de Kimana después de que las autoridades le practicasen una autopsia tras una muerte que tardó días en llegar y estuvo acompañada de una parálisis parcial, destino que ya han sufrido una veintena de paquidermos de la zona desde el 24 de junio.

Mantos de nubes cubren el monte Kilimanjaro, al otro lado de la frontera con Tanzania, el más alto de África y perfectamente visible en un día despejado, mientras la enigmática tragedia afecta principalmente a hembras adultas y a sus crías.

«Este es uno de los casos. Creemos que hemos perdido 20 en casi dos meses, lo cual es muy triste. Es un incidente que aún no hemos esclarecido», lamenta el jefe de operaciones de las tierras comunitarias de Olgulului, Patrick Papatiti, mientras muestra los restos del cuerpo.

El Servicio de Vida Silvestre de Kenia (KWS, en inglés) ha informado en las últimas semanas de que las pruebas de laboratorio realizadas a los cadáveres muestran indicios de envenenamiento por un pesticida con componentes de cianuro usados en cultivos de la zona.

Imágenes tomadas por el KWS del estómago de uno de los elefantes muestran restos de tomates, un cultivo habitual de las comunidades locales.

Sin embargo, los propios agricultores rechazan esta explicación y niegan los envenenamientos, argumentando que otros animales salvajes, su ganado y ellos mismos consumen estos frutos sin que hasta ahora se hayan registrado otras muertes similares.

«Esto ha sido refutado por un organismo gubernamental que controla las plagas y todos los químicos que se usan para rociar verduras», asegura Papatiti.

«Hicieron sus investigaciones y no pudieron rastrear ningún producto hasta las granjas de la zona», añade, al apuntar como explicación alternativa a una posible enfermedad que aún no se ha detectado y que afecta exclusivamente a los elefantes. Además, reivindica que las comunidades locales han protegido y convivido con la fauna silvestre «durante generaciones», pese a haber perdido familiares y propiedades por sus acciones.

Unos tomates bajo sospecha

En una aldea local de la comunidad masái donde se cultiva una gran cantidad de tomates, varios vecinos, incluidos niños, consumen estos frutos y se los dan a sus animales para demostrar que no conllevan peligro.

«La gente los come y no le hacen daño a nadie. No usamos pesticidas dañinos, usamos pesticidas que nos ayudan a deshacernos de las plagas», afirma Nanyu Oldikirr, un hombre masái que trabaja en estos cultivos.

«Ni siquiera nosotros entendemos la razón por la que mueren estos elefantes. Llevamos mucho tiempo cultivando. Si fuera algo malo, nos habría dañado a nosotros. Desde que somos niños comemos este tomate y nuestras vacas también lo comen», agrega.

Por su parte, el portavoz del KWS, Duncan Juma, declara que respetan estas diferencias de criterio, pero que sus conclusiones están guiadas «por la evidencia científica y los resultados de las investigaciones», las cuales aún no se han dado por concluidas.

Organizaciones conservacionistas consultadas prefirieron no pronunciarse sobre el tema debido a la controversia generada.

Un ecosistema de relevancia global

Esta Reserva de la Biosfera, reconocida por la UNESCO, representa una gran importancia para la comunidad local tanto por ser un «valioso tesoro» como una «fuente de ingresos» para las familias, según Papatiti.

«No se trata solo de un elefante, sino de un recurso que ha beneficiado a la comunidad desde siempre», señala.

Kenia se enfrentó entre 1979 y 1989 a un grave declive de la población de paquidermos a causa de la caza furtiva para la obtención de marfil, lo que redujo su número de 170.000 a 16.000 ejemplares, según datos del KWS. Sus principales amenazas en África siguen siendo la pérdida de hábitat y la caza ilegal incentivada por la demanda de marfil en mercados internacionales.

En 1989, los Estados partes de la CITES incluyeron al elefante africano en su lista de protección e interpusieron una prohibición al comercio internacional de marfil. Pese a ello, la población de estos animales en el continente ha disminuido un 60 % en los últimos 50 años, situándolos en peligro de extinción.

Aun con este panorama, el ecosistema de Amboseli —uno de los más visitados del país y que alberga a cerca de 1.500 ejemplares según el Amboseli Trust for Elephants— ha registrado un crecimiento constante en su población desde la década de 1970. Por ello, Papatiti concluye que su protección es «importante para el mundo entero».

Unión Radio.

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