Descubren una nueva especie de pez “peludo”
En un arrecife tropical, encontrar un animal de apenas unos centímetros puede resultar mucho más difícil que localizar uno grande. Sobre todo cuando ese animal ha convertido su propio cuerpo en un disfraz. Eso es precisamente lo que ocurre con Solenostomus snuffleupagus, una nueva especie de pez pipa fantasma cuya apariencia recuerda más a un fragmento de alga arrastrado por la corriente que a un pez.
La especie acaba de ser descrita científicamente por Graham Short y David Harasti en el Journal of Fish Biology. Su reconocimiento pone fin a una confusión que se había prolongado durante décadas: ejemplares y fotografías de este pequeño habitante del Pacífico habían sido atribuidos a otras especies, especialmente a Solenostomus paegnius.
Su aspecto explica buena parte del problema. El animal está cubierto por abundantes filamentos alargados, especialmente visibles alrededor del hocico, la cabeza, las mandíbulas, las aletas y la cola. El resultado es una silueta irregular y deshilachada que rompe por completo el perfil que esperaríamos reconocer en un pez.
Y ese extravagante aspecto ha terminado también en su nombre. Los investigadores escogieron snuffleupagus por su parecido con el peludo y larguirucho señor Snuffleupagus de Barrio Sésamo. La comparación resulta todavía más apropiada por la dificultad que hubo para demostrar que aquel extraño animal observado bajo el agua era realmente una especie diferente.
La historia tiene algo de persecución submarina. Harasti fotografió en 2003, durante una inmersión en Papúa Nueva Guinea, uno de estos extraños peces rojizos. Sin embargo, encontrar nuevos individuos no resultó sencillo. Su camuflaje es tan efectivo que un ejemplar inmóvil entre las algas puede pasar inadvertido incluso para alguien que esté buscándolo.
Lo curioso es que las pruebas más antiguas estaban todavía más atrás en el tiempo. Los autores localizaron dos ejemplares recogidos en Queensland en enero de 1993 y conservados en las colecciones del Australian Museum y del Museum and Art Gallery of the Northern Territory. Uno de ellos se convertiría en el holotipo de la nueva especie y el otro, en su paratipo.
Durante años, además, buceadores habían fotografiado animales semejantes en la Gran Barrera de Coral. Desde 2005 existen registros frecuentes en lugares como Saxon Reef y Norman Reef. Algunas imágenes terminaron en plataformas de ciencia ciudadana como iNaturalist o en comunidades de aficionados a la fotografía submarina.
El problema era poner orden en todas esas pistas. Un pez pipa fantasma cubierto de apéndices podía confundirse fácilmente con S. paegnius, otra especie filamentosa. Para averiguar si estaban ante una simple variación de un animal conocido o ante algo diferente, Short y Harasti tuvieron que mirar mucho más allá de su llamativo exterior.
El esqueleto escondía la prueba
Los investigadores combinaron la taxonomía tradicional con análisis genéticos y microtomografía computarizada. Esta última técnica permitió reconstruir en tres dimensiones el interior de los ejemplares sin destruirlos y observar detalles de su esqueleto imposibles de apreciar desde fuera.
Una de las diferencias más contundentes apareció en la columna vertebral. S. snuffleupagus posee 36 vértebras, mientras que sus congéneres presentan menos. Los científicos encontraron también una configuración particular de los pequeños elementos óseos que forman la armadura corporal y dos estructuras modificadas, con aspecto de ancla, asociadas tanto a la aleta dorsal blanda como a la anal.
La forma del cuerpo aporta otra pista. Es un pez compacto y sorprendentemente profundo en su parte anterior. También existe dimorfismo sexual: la cresta supraoccipital del cráneo está especialmente desarrollada en los machos, mientras que las hembras son mayores y presentan diferencias en las proporciones corporales.
El ADN terminó de separar a los dos supuestos gemelos. Las secuencias mitocondriales de COI mostraron una distancia genética no corregida del 22 % entre la nueva especie y S. paegnius. Los dos ejemplares analizados de S. snuffleupagus, además, quedaron agrupados con un soporte máximo en el análisis filogenético realizado por los investigadores.
El secreto está en parecer un trozo de alga
Quizá lo más espectacular del animal no aparezca bajo un escáner, sino cuando está vivo. La mayoría de los individuos documentados son naranjas o rojizos y viven asociados a densas algas rojas filamentosas. Entre ellas, su cuerpo cubierto de prolongaciones prácticamente desaparece.
No siempre viste el mismo color. Los investigadores recopilaron fotografías de individuos púrpuras e incluso de un excepcional ejemplar verde observado en la Gran Barrera de Coral. El trabajo plantea que esta variabilidad podría favorecer el camuflaje en distintos microhábitats, aunque determinar exactamente cómo se produce requerirá más investigación.
También es un buen ejemplo de lo extraña que puede resultar la evolución de los peces pipa fantasma. Son parientes de los caballitos de mar, pero su reproducción presenta una diferencia llamativa: aquí son las hembras las que albergan los huevos. Sus aletas pélvicas se modifican hasta formar una bolsa incubadora.
Su distribución conocida tampoco se limita a Australia. Fotografías y observaciones permitieron a los investigadores reconocer la especie en Papúa Nueva Guinea, Fiji, Nueva Caledonia y Tonga. Algunos de esos registros habían sido clasificados anteriormente como otros peces pipa fantasma.
Conclusiones
El descubrimiento deja una conclusión especialmente sugerente. La Gran Barrera de Coral es uno de los ecosistemas marinos más estudiados del planeta y, aun así, continúa escondiendo especies desconocidas. A veces no hace falta descender a una fosa abisal para encontrar un animal nuevo. Puede llevar décadas delante de nuestros ojos, perfectamente camuflado entre unas algas.
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