15 de marzo de 2026

Venezuela destrona a Japón a fuerza de batazos y se mete en las semifinales del Clásico Mundial

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La selección nacional se impuso 8-5 ante los actuales monarcas del torneo en un juego de infarto. El pitcheo de relevo brilló y Wilyer Abreu se puso la capa de héroe.

​¡Volteamos la arepa y de qué manera! Con el «Arepa Power» a su máxima expresión y el corazón en el terreno, la selección venezolana de béisbol logró este fin de semana una victoria monumental al derrotar 8 por 5 a Japón, los actuales campeones defensores, para sellar su boleto a las semifinales del Clásico Mundial de Béisbol.

​La novena criolla no se amilanó ante el cartel de los asiáticos y demostró de qué está hecho el béisbol venezolano. El punto de quiebre, ese que hizo saltar a más de 30 millones de venezolanos de sus asientos, llegó en un sexto inning de película. Con la pizarra en contra, el madero de Wilyer Abreu no perdonó. El jardinero conectó un soberbio cuadrangular que se llevó la cerca, dándole la vuelta al partido y encendiendo la chispa de una remontada que quedará para la historia. ¡Un bambinazo de feria!

Si el bateo fue oportuno, el pitcheo de relevo fue sencillamente magistral. Tras la salida del abridor, Enmanuel De Jesús fue llamado a apagar el fuego y lo que hizo fue dictar una clínica de picheo. Su relevo fue la clave para maniatar a la peligrosa toletería nipona y mantener la ventaja que había conseguido Abreu.

​De ahí en adelante, el bullpen criollo fue un candado. Los relevistas se fajaron como los grandes, tendiendo ceros en la pizarra hasta dejarle la mesa servida al cerrador Daniel Palencia para el noveno tramo.

​El cierre del juego tuvo tintes de guion cinematográfico. Palencia sacó los primeros dos outs con aplomo, pero el béisbol siempre guarda suspenso para el final. El out 27 representaba enfrentarse al jefe final de los videojuegos: Shohei Ohtani, el jugador más poderoso y temido del planeta. Con nervios de acero y pitcheos venenosos, Palencia logró dominar al fenómeno japonés para colgar el cero, sellar el salvado y desatar la locura vinotinto.

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