10 de julio de 2026

La hipervigilancia e infoxicación agravan los trastornos post-sísmicos

0
ARRF

Han pasado más de dos semanas de los terremotos del día de San Juan (24 de junio) y quienes vivieron de cerca o en la distancia este evento adverso siguen procesando la información mental y afrontando diversos trastornos psicológicos que son naturales debido a la magnitud del evento sísmico vivido.

Uno de estos trastornos o efectos es la denominada «hipervigilancia», un estado de alerta extrema y permanente que el sistema nervioso de nuestro cuerpo activa ante situaciones traumáticas experimentadas. Incluso, este síntoma es uno de los más frecuentes en el marco del Trastorno de Estrés Agudo (TEA).

TERREMOTO FANTASMA
En el caso de los eventos sísmicos, los afectados pueden sufrir el síndrome del Terremoto Fantasma o Mareo Post-Sísmico, una respuesta psicológica y adaptativa en la que el cuerpo sigue sintiendo que el suelo se mueve, a pesar de la calma absoluta.


Ejemplos de estos síntomas tenemos muchos, uno de ellos es poner objetos como una botella colocada en el piso o un gancho de ropa guindado en la sala de la casa, para poder verificar si está temblando.


Otro rasgo a destacar es la constante ansiedad que genera el exceso de información que se consume sobre lo ocurrido por los terremotos, manejado conceptualmente como «intoxicación».


Y retomando nuestra entrevista con el psicólogo Joel Fagúndez, especialista en el análisis de comportamiento con 16 años de experiencia, seguimos abordando este complejo panorama mental, que abre una etapa en la cual muchas personas acudirán a consultas públicas o privadas, especialmente en casos relacionados con la hipervigilancia y el Trastorno de Estrés Agudo.


Al respecto, Fagúndez puso el foco en los problemas de sueño o las dificultades de adaptación para volver a la rutina.
Destacó que muchas personas cambian hasta de habitación por temor, tienen constantes pensamientos negativos sobre lo ocurrido, en otros, crece el sentimiento de culpa por no haber hecho algo a tiempo o simplemente rumiar sobre esta situación dada, sensaciones que pueden agravar el cuadro clínico de cada paciente.

LA INTOLERANCIA A LA INCERTIDUMBRE
Fagúndez explicó que en sus consultas ha observado que hay un cuadro de ansiedad sobre el futuro; «hay una intolerancia a la incertidumbre. ¿Qué va a pasar ahora, o qué puede pasar mañana? ¿Quizás va a haber un nuevo terremoto o qué va a pasar con estas personas? Básicamente, eso es lo que estoy viendo ahorita».


Precisó que hay muchas manifestaciones de estrés agudo, aclarando además que este tipo de eventos puede ser el precipitante de otros trastornos subyacentes. «Es decir, trastornos que ya estaban como base de una persona antes del evento y que este evento precipitante, este evento de riesgo hace que lo detone. Tenemos a unas personas con principios de TAG (Trastorno de Ansiedad Generalizada) o algunas características relacionadas», comentó.


Reiteró que dar un diagnóstico a estas alturas no es lo adecuado, pues se trata de un proceso en pleno desarrollo.
«Yo no sé si a ustedes les sucede, incluso esto que solemos decir: ‘Mira, tembló. ¿Viste? Tembló. Mira, deja las llaves pegadas de la puerta. Mira, tenemos que estar atentos. Mira, mejor nos quedamos durmiendo en casa, no subimos a un sitio porque todavía hay una serie de réplicas’.

Ese proceso de hipervigilancia, que en su momento tiene una función de supervivencia en el ser humano, en estos momentos puede postergarse un poco más, porque evidentemente, hay una serie de interpretaciones de la situación, de vivencias, de emociones y de sentimientos. Pero eso es lo que a nivel clínico pueden estar manifestando: trastornos de sueño, trastornos de ansiedad, trastornos relacionados incluso de carácter desadaptativo, y trastornos de estrés agudo», enfatizó.

EL SOBRE ESTÍMULO DE LAS REDES SOCIALES
Sin duda alguna las redes sociales han sido un factor determinante para que las personas dentro y fuera del país se mantengan informadas sobre los acontecimientos ocurridos el 24 de junio. No obstante, esta infoxicación (sobrecarga de información) que sufren los usuarios intensifican los efectos de hipervigilancia y el trastorno de estrés agudo.

La recomendación que da Fagúndez es tajante: dejar de consumir información de redes sociales debido a que 60% no son verificadas o están enfocadas precisamente para crear una sensación de peligro, urgencia, en la mente del seguidor de una cuenta.


«No es que consumir noticias esté mal, las noticias nos informan, de hecho hay una noticias que son bastante interesantes: estas entrevistas que se le hacen a especialistas relacionados a geólogos de cuál es la función que tienen las réplicas ahora, una información importante porque muchas personas se preguntan si estas réplicas significarán un nuevo terremoto. Y bueno, ya los geólogos nos han explicado que estas réplicas son totalmente normales y que es bueno que suceda, porque se están acomodando las placas tectónicas. Eso es una información que la podemos obtener de un medio verificado», aclaró.


Para el psicólogo, lo que altera no es consumir noticias, sino seguir cuentas o medios digitales que divulgan indiscriminadamente información no verificada. Ese fenómeno se está viviendo en los actuales momentos, generando incertidumbre y ansiedad.


«Lo que quizás altera no es consumir noticias, es el tipo de noticias que estás consumiendo. Por eso es que la recomendación es consumir noticias básicamente que tengan que ver con canales y medios de comunicación verificados. Pero, consumir redes sociales para nadie es un secreto que hay una estadística significativa que 60% de las noticias en redes sociales, y hablo de las distintas redes que las componen, WhatsApp, Instagram, Facebook, muchas de estas noticias no son verificadas, son sensacionalistas y lo que propician es que la persona se mantenga en el estado de hipervigilancia», en la sensación de que hay un peligro inminente, aseguró.

¿QUÉ HACER Y QUÉ NO HACER?
Para gestionar estas emociones negativas y los síntomas de hipervigilancia, Fagúndez recomendó una serie de pasos a seguir:
«¿Qué no hacer? No consumir un montón de contenido que mantiene mi estado de hipervigilancia, noticias no verificadas. ¿Qué no hacer? Constantemente estar pegado a la situación vivencial. ¿Qué no hacer? Básicamente, en todo sitio al que llegues de conversación, mantener el punto de focalización y atención sobre el evento traumático suscitado», mencionó.


Para el autocuidado mental, el especialista recomendó; «uno, reconocer y validar nuestras emociones, es algo totalmente válido, que es necesario en estos tiempos. Dos, buscar puntos de autocuidado. Tres, utilizar nuestras redes de apoyo, que en este sentido tendrían que ver con familia, amistades, labores de autocuidado, que podemos hacer con estas redes de apoyo», detalló.


Hizo hincapié en que las personas deben monitorear hasta qué punto impactó esta situación en las dimensiones de su vida, es decir preguntarse «¿cuándo debemos ir al psicólogo? Y aquí hago un punto psicoeducativo bien importante: En estos momentos, no podemos decir el alcance de que toda la población venezolana tiene que asistir al psicólogo, porque hay un punto acá bastante importante. Las personas dicen ‘todo debemos ir al psicólogo’, o eso es como un denominador. No. Al psicólogo se asiste cuando es necesario asistir al psicólogo, así como asistimos a cualquier especialista», puntualizó.

LA ESPERANZA SIEMPRE SE VA ERIGIR EN UN FUTURO
Para finalizar la entrevista en exclusiva para elsiglo, Fagúndez apuntó que realmente desconocemos las dimensiones personales de esta tragedia, especialmente en quienes perdieron familiares, amigos o conocidos, o incluso bienes, no obstante debe haber una luz al final del túnel.


«Pero si hay una de las cosas que yo intento transmitir a mis pacientes en consulta es el hecho de que la vida es dialéctica, y así como los momentos malos llegan, los momentos buenos llegan también, y así como los momentos buenos se van, también los malos», reflexionó.
Por tal motivo, enfatizó que la sociedad venezolana ha tenido que vivir periodos bastante difíciles, de los cuales el doblete sísmico vino a sumar otra experiencia negativa más para esta generación.


«Creo que nos ha tocado vivir una transición, un periodo bastante difícil a muchos de nosotros, a cada uno de los venezolanos, pero también he visto muchísimas señales de esperanza, muchísimas características de conductas pro-sociales, de ayudar a otros sin esperar nada a cambio, entonces eso me hace creer de que no sé en qué punto tome un sentido para cada una de las personas que fueron afectadas. Pero de lo que estoy seguro también es que la palabra esperanza para mí ahorita se erige dentro de mi consulta como una palabra importante para llevarle a los demás», mencionó.


Por tal motivo, recomendó: «volver a la rutina, pero no a la normalidad», porque considera que todavía están sucediendo cosas de las que las personas deben seguir ocupándose.


«Algo está sucediendo todavía y debemos ocuparnos como sociedad para ayudar a aquellos a reconstruir su vida, reconstruir lo que han perdido, apoyarlos. Yo siempre diré que ‘caminar a pesar que duela es un acto de valentía’, Entonces, reconocer que duela es un acto de valentía, y pararnos y caminar también, a pesar que duela, es un acto de valentía. Sí quiero quedarme quizás un momento sentado, ¿sabes?, quizás tomando aire, quizás diciendo voy a descansar un poco para continuar, es válido. Pero lo que es importante es que caminar siempre será el camino para encontrar esperanza, porque la esperanza siempre se va a erigir en un futuro, en un norte», sentenció.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *